sábado, 3 de diciembre de 2016

El Congreso insta al Gobierno a desbloquear los procesos de adopción y desarrollar la Ley al respecto.

La Comisión de Infancia y Adolescencia del Congreso ha aprobado este miércoles con los votos a favor de Ciudadanos, PSOE, Podemos y la abstención del Grupo Popular, una Proposición No de Ley registrada por la formación naranja y pactada con los socialistas que insta al Gobierno a "desbloquear" los procesos de adopción nacional e internacional, entre otras medidas, aprobando el reglamento que desarrolla las previsiones de la Ley de Protección de la Infancia sobre este asunto.

La iniciativa, defendida por la diputada 'naranja' Patricia Reyes, insta en primer lugar a "desarrollar y aprobar, con carácter de urgencia, por tratarse de un asunto de interés general, el desarrollo reglamentario de la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia". "Hasta la aprobación de este desarrollo,--señala el texto--se establecerá un régimen transitorio que solucione la situación de vacío legal que se ha producido".

Asimismo, pide "convertir la adopción (nacional e internacional) y el acogimiento de menores en un asunto prioritario en la agenda política por afectar a uno de los sectores más vulnerables que existen" y "abordar de manera integral y coordinada la problemática y los obstáculos legales y administrativos que las entidades especializadas del sector y las familias adoptantes se encuentran en los procesos", emitiendo un informe de evaluación "en los próximos seis meses".

Por otra parte, llama al Ejecutivo a "impulsar procesos de apertura de nuevas vías de adopción internacional que den respuesta a las personas/familias adoptantes en espera y a los menores de esos países que se encuentran en situación de desprotección y cuya única vía sea la adopción internacional, en especial con los 45 países con los que otros países de la Unión Europea o bien tienen ya establecidos acuerdos de adopción internacional o permiten directamente a sus nacionales solicitar tales adopciones".

En la misma línea, insta a mejorar el sistema de tramitación, suspensión o prohibición de adopciones internacionales "mejorando la transparencia" y facilitando que los solicitantes puedan acceder a la documentación relativa a su proceso, y a impulsar el acceso de los organismos acreditados a "los fondos necesarios" para el ejercicio de sus funciones. También solicita que se ponga en marcha "de manera urgente", interterritorial de asignaciones que prevé la Ley de Infancia. 

La iniciativa emplaza a crear un registro central de familias adoptantes y de niños susceptibles de ser adoptados para toda España, de manera que exista una mayor coordinación y agilización de los procesos de adopción, "teniendo siempre en cuenta el interés superior del menor y ofreciendo, en virtud de la legislación nacional e internacional de los países de origen y destino, todas las garantías de salvaguarda del menor y de las personas adoptantes".

Durante el debate, Reyes ha explicado que "las adopciones internacionales se encuentran prácticamente bloqueadas por una cuestión de falta de desarrollo reglamentario y falta de voluntad política" ya que, según ha dicho, Ciudadanos lleva reclamando este reglamento desde que el Gobierno estaba en funciones. 

Según ha detallado, en el mundo hay más de 120 millones de niños y niñas huérfanos y sólo en España, más de 16.000 menores están en centros de acogida mientras constan 33.000 familias esperando a tramitar un proceso de adopción. 

Para la diputada socialista Sonia Ferrer, que ha votado a favor de la iniciativa, debería además crearse un grupo específico dentro del Ministerio de Sanidad sobre adopción internacional, así como poner en marcha campañas de sensibilización al respecto, algo a su juicio "muy recomendable" porque "se ha demostrado que cuando se invierte en formación y sensibilización el éxito de estos procesos de adopción aumenta". 

La proposición ha incluido finalmente esta propuesta así como la de designar un equipo, específico y especializado, en el Ministerio de Sanidad encargado de este asunto que se ocupe "de la valoración y gestión de informes sobre la apertura y cierre de países, convenios bilaterales, así como revisión de los proyectos y documentación de los organismos acreditados, expedición de la documentación necesaria, relaciones con autoridades tanto extranjeras como autonómicas en esta materia".

Desde Podemos, que también ha apoyado la iniciativa, han hecho mención "para que no se olvide" a la necesidad de tener "un mínimo de mirada histórica" y prestar "especial atención a los desequilibrios" con los Estados de origen de los procesos de adopción internacional. 

La diputada del PP, Silvia Heredia, ha defendido el avance que ha supuesto en garantías y procedimientos de adopción la Ley de Protección de la Infancia y ha atribuido la falta de desarrollo reglamentario al "tapón del PSOE", que ha mantenido "un gobierno bloqueado" en funciones. Con todo, ha afirmado que es un tema "que tiene una complejidad técnica muy importante", pero ya está en proceso de elaboración y requerirá de "una gran coordinación entre las comunidades autónomas y el Estado".

(Fuente: www.cuatro.com)

Holanda estudiará suprimir las adopciones internacionales.

El Consejo holandés para la Protección de la Juventud, un órgano asesor del Gobierno, acaba de recomendar la supresión de las adopciones internacionales. Sus expertos sostienen que estas no sirven a los intereses de los menores y alertan del riesgo de abusos lucrativos en los países de origen. Estos proceso “pueden fomentar la proporción de niños declarados en abandono al no poder mantenerlos”, y el Consejo sugiere limitar de entrada las llegadas desde China, Estados Unidos y otros países de la Unión Europea. Lo mejor, dicen, sería ayudar a los padres biológicos “a domicilio”. En 2015, llegaron a Holanda 304 niños extranjeros para adoptar; la mayoría desde el gigante asiático (100) y EEUU (35). El Gobierno, que debe estudiar ahora el documento, decidirá si cambia sus leyes a principios de 2017.
El informe del Consejo, apunta que la adopción debe ser el último recurso, ya que el escenario ideal para estos niños es “su tierra natal”. Por eso reclama ayudas para que los progenitores “no se vean obligados” a desprenderse de sus hijos. Los expertos admiten que la pobreza es una de las principales razones de la adopción, “pero lo mejor es que los pequeños crezcan en su país, en su cultura y en su propia lengua”, afirma. La cifra de adopciones internacionales se ha reducido mucho en Holanda en la última década, de las 1.185 registradas en 2005 a las 304 de 2015 —en comparación con las 40 adopciones nacionales que hubo en 2010, según estimaciones de la Universidad de Utrecht—. El perfil del adoptado también ha cambiado; el año pasado un 85% tenía necesidades especiales, ya fuera de aprendizaje, por enfermedad o bien retrasos cognitivos.
Si bien los expertos subrayan en este trabajo las ventajas de crecer en un país desarrollado y con bienestar, donde además unos padres han cumplido su deseo de serlo, la lista de riesgos supera estas bondades. “Según los estudios efectuados en este terreno, la adopción internacional dificulta la creación de una buena red de protección del menor en su lugar de origen”, dicen. Tampoco olvidan los intereses financieros en juego, “que entrañan el riesgo de malas prácticas y la oferta de niños metidos en orfelinatos para ganar dinero”. El documento, que cifra en entre 15.000 y 80.000 euros el coste del proceso para los padres, explica que los centros extranjeros suelen ser estatales y reciben una suma por cada niño adoptado. En China, se advierte, “es imposible saber si la adopción ha seguido el procedimiento adecuado”.

Además, sostienen, “no es creíble que EE UU y los demás miembros de la UE, sean incapaces de asegurar que sus niños crezcan en el seno de su propia familia”. En 2015, de los menores extranjeros llegados para la adopción, 11 habían nacido en Hungría, ocho en Bulgaria, siete en Polonia, dos en Portugal y otros ocho en Eslovaquia.

Las agencias holandesas especializadas en la adopción internacional prefieren analizar a fondo el informe antes de pronunciarse. Han recordado, de todos modos, que la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, y los Convenios de La Haya sobre los niños,“califican de derecho fundamental que estos puedan crecer en una familia con un lazo jurídico permanente”. Las redes sociales sí se han llenado de testimonios a favor y en contra firmados por hijos adoptivos. Todas las experiencias son íntimas, pero algunas, como Josan, una mujer haitiana de 33 años, hace hincapié en la pobreza: “Si la ayuda al desarrollo funcionara de verdad no habría tantos países pobres”, ha declarado a la televisión pública, NOS.

(Fuente: www.internacional.elpais.com)

Adopciones truncadas.

“No la soporto, no la quiero”. Cuando Mercedes Mas Soler verbaliza con esta crudeza sus sentimientos hacia R., lahija adoptiva que había deseado con todas sus fuerzas y con la que durante ocho años intentó superar serias dificultades de adaptación, admite que se siente “una mierda”. Pero si ha accedido a contar su historia a La Vanguardia es porque cree que su experiencia puede ayudar a levantar el tabú que envuelve una situación tan extremadamente dolorosa como una adopción truncada. Una realidad silenciada que, oficialmente, en Catalunya afecta a un 1,5% de las familias adoptivas, porcentaje que se eleva al 6% cuando los niños aterrizan en su nuevo hogar a partir de los 6 años. Según las expertas consultadas por este diario, la estimación podría ser la punta del iceberg, puesto que entre el 30% y el 40% de los ingresados en centros terapéuticos y de acogida de menores son adoptados.

¿Qué es una adopción truncada? “Se trata de niños cuyas familias no se encuentran en disposición de continuar haciéndose cargo de ellos y pasan a la tutela de las administraciones públicas, pudiendo ser objeto de una nueva adopción. Es una situación similar a la de aquellas familias biológicas con hijos conflictivos que, cuando se ven superados por la situación acuden a los servicios de protección de menores, aunque en estos casos no se presenten como un abandono”, aclara Marga Muñiz, terapeuta familiar experta en adopción internacional y autora del libro Los niños no vienen de París. En ambos casos la situación es muy traumática, pero para los niños adoptados supone un doble abandono.

“Normalmente el niño no tiene una segunda oportunidad, cuando es llevado a una institución está muy herido y ya no tiene la edad ni las ganas de empezar de nuevo”, constata Ana Berastegui, investigadora y directora de la cátedra Familia y Discapacidad de la Universidad Pontificia de Comillas, que precisa que la adopción en España es “irrevocable”, por lo que no se pueden devolver los niños a sus países de origen. “El sistema es idéntico al de un hijo biológico, no hay mecanismo por el cual puedas dejar de ser padre aunque tu hijo esté en una institución”, explicita.

Sin embargo, al no existir lazos de sangre, la ruptura tiene un sentido más radical. Para los padres, que han pasado por un largo proceso –y alimentado muchas expectativas– antes de acoger a la criatura, la sensación de fracaso es inmensa. “Hay mucha culpa y mucha vergüenza, que se lleva en secreto, porque es muy difícil de asumir, para uno mismo y de cara a la sociedad”, sostiene Berastegui, que considera “terapéutico” que se pueda abordar un asunto sobre el que otros países europeos están rompiendo el silencio.

En Francia, por primera vez el ministerio de Exteriores ha facilitado cifras: en los últimos dos años unos 40 niños adoptados en el extranjero han sido devueltos a los servicios sociales, lo que equivale a un 2% de las adopciones. El tema se aborda en el libro titulado Mala madre, en el que una mujer explica su dolorosa experiencia, y se ha empezado a cuestionar el sistema. “Algunos niños presentan múltiples problemas de comportamiento. Situamos a los futuros padres en la posición de terapeutas. Eso es poner el listón muy alto”, reconoce Nahalie Parent, presidenta de la asociación francesa Infancia y Familia de Adopción.

“En general, se trata de niños que tienen unos problemas tan fuertemente arraigados, como resultado de su pasado, que son incapaces de vincularse y llegar a sentirse parte de la familia por muchos esfuerzos que ésta haga”, explica Muñiz. Cuando se añaden discapacidades derivadas de patologías como el síndrome alcohólico fetal, que hasta hace poco no eran diagnosticadas, la situación resulta a veces insuperable.

En España, donde las adopciones internacionales son un fenómeno más reciente, no hay cifras oficiales. Muñiz habla de un 1,5% de rupturas –lo que significaría que en un período de 10 años unos 500 niños pasan a depender del sistema de protección de menores– y señala que, en países con más tradición en este terreno, como Holanda (5%), Suecia (6%) y Gran Bretaña (11%), los porcentajes son más elevados.

Berastegui señala dos etapas especialmente delicadas en una adopción: el primer año, en el que se debe crear el vínculo entre la criatura y los padres, y la adolescencia, cuando los problemas más o menos latentes se manifiestan. “Los jóvenes se preguntan por sus orígenes y se pone a prueba el vínculo”.

El aumento de adopciones truncadas que están detectando los especialistas en los últimos años se relaciona con el hecho de que muchos de los niños adoptados a principios de la década pasada están llegando a esta etapa. “Hace unos 15 años la adopción estaba muy idealizada y hubo un boom de adopciones internacionales, era como una moda”, argumenta Agnès Russiñol, directora del Institut Català de l’Acolliment i de l’Adopció (ICAA). Reconoce que en ese momento se tendió a subestimar “la mochila emocional” de estos niños, especialmente los que han pasado los primeros años en un orfanato. “Son criaturas que han sufrido mucho, a veces han sido objeto de maltrato, por lo que requieren familias muy preparadas para realizar un trabajo de reparación”, apostilla.

“La gente adopta pensando que el amor todo lo cura. Es una condición sine qua non, pero no es suficiente, no debemos ser naifs”, advierte Eva Gispert, presidenta de la asociación Familia y Adopción. Según su experiencia, la idea de que cuanto más pequeño sea el niño menos problemas psicológicos arrastra es errónea. “Las secuelas también pueden venir de un embarazo bajo un gran estrés”, señala Gispert. A su asociación cada día llegan más padres con “situaciones desesperadas, un enorme sentimiento de culpa y una gran sensación de desamparo”.

Para las expertas, la labor de prevención y de información antes de adoptar es fundamental. “Durante mucho tiempo, hemos tenido los procesos más laxos de toda Europa. En Bélgica, el 30% de los aspirantes ven rechazada su idoneidad, mientras en España el porcentaje es del 3%”, subraya Berastegui.

“Las adopciones internacionales son un contrato privado entre la agencia de adopción y la familia”, precisa Russiñol, que pide “no banalizar” unas rupturas en las que “todo el mundo sufre mucho” y que su departamento tiene “la responsabilidad” de atender. Por ello, juzga necesario “reforzar la preparación de las familias para que la gente sepa dónde se mete” aunque admite las dificultades de financiación. El departamento ha creado un grupo de trabajo para determinar los recursos que se necesitan para afrontar estas situaciones.

Para evitar llegar al extremo de la separación, tanto Russiñol como otras especialistas animan a los padres adoptivos a buscar ayuda cuando surgen problemas de adaptación o de comportamiento. “No hay que esperar a que la situación se degrade y sea demasiado tarde”, opina Gispert, que advierte sobre la falta de terapeutas con la preparación adecuada para atender esta demanda.

Etapas que llevan a la ruptura

1. La familia empieza a ver que las dificultades son mayores que las alegrías. Muchos padres en esos momentos empiezan a preguntarse cómo se les ocurrió pensar en adoptar. El problema arranca cuando este pensamiento se tiene de forma reiterada.

2. Los padres empiezan a percibir el problema con tal magnitud que no se sienten capaces de manejarlo ni mucho menos de superarlo.

3. La familia se queja abiertamente de las dificultades ante otras personas. Es importante que en este momento cuente con un grupo de apoyo, que le ayude para no avanzar más en el camino de la adopción truncada. Otras familias que hayan vivido esta situación son las mejor preparadas para hacerlo.

4. Se produce un punto de inflexión. Sucede algo que lleva a la familia a pensar que no puede tolerar por más tiempo la conducta de la criatura. Por ejemplo, un acto de piromanía o de crueldad con algún miembro de la familia, que los atemoriza hasta el extremo de pensar que sería mejor no continuar insistiendo en su vinculación con la familia.

(Fuente: www.lavanguardia.com)

Olvido Macías: «Si tienes amor, hay esperanza»

La periodista Olvido Macías estrena nuevo libro, «Vidas Unidas. 22 experiencias de familias adoptivas» (Lid), donde ha reunido los testimonios de los padres que un día se atrevieron a serlo de unos hijos que les habían «nacido» en el otro lado del mundo. La misma autora es madre de dos chicos chinos que no se parecen a ella pero tienen su misma sonrisa, como le dijo una vez el padre Ángel, de la organización Mensajeros de la Paz. Cuentan esta historia de valentía Anabel Díez, Jordi Sevilla, Pilar Cernuda, Pilar Rahola o Ángel Expósito, entre otros, en un libro prologado por Anne Igartiburu.

–¿Cómo llega a estas 22 historias?

–Pues después de un proceso muy largo, tras reunir los testimonios de muchas familias que a mí me interesaban personalmente para que me contaran sus historias. Se trata de unas familias y unos niños muy valientes, que se enfrentaron a otro mundo y que decidieron unir sus vidas en un momento dado. Hay una leyenda china que se llama «El hilo rojo», que cuenta que quien esté destinado a encontrarse, al final lo hará por muchas que sean las vueltas o los nudos que tenga el hilo. Me preocupaba mucho como madre adoptiva –tengo cuatro, de los cuales dos son biológicos– la postadopción, porque en la primera fase tenemos mucha información de los países, nos dan charlas en las asociaciones que se encargan de los trámites, pero luego pasa lo mismo que en el postparto, del que hay menos información. Pues resulta que ahí es donde tenemos más problemas porque hay muchas cosas que desconocemos en casi todos los ámbitos que influyen en el hijo y no había nada escrito.

–Porque no es fácil contar cómo se integra un niño así en su vida.

–Bueno, también me impulsó a hacerlo el sobrecogedor libro de la escritora china Xinran «Las hijas del Yang-Tsé», en el que explica por qué se abandonan a las niñas en China en el que siempre hay algo evocador, porque las madres biológicas se preguntan siempre qué habrá sido de sus hijas. Siempre hay preguntas y respuestas simbólicas presentándoles cómo son nuestros niños, cómo hemos sufrido embarazos burocráticos, exámenes de nuestra economía, análisis de nuestra capacidad mental, etc.

–¿Cambia mucho la visión de la adopción una vez que se cierran las puertas de casa y comienza la vida real?

–En mi casa no cambió mucho porque adoptamos a nuestra hija Vera Jin con 11 meses y como todos los niños que vienen de los orfanatos no son nada expresivos, sólo para llorar y sólo cuando ya llevaba algunos días con nosotros. Tenía una infección tremenda en los oídos y no se quejaba porque ellos se acostumbran a que nadie los va a atender si no pueden. Era muy calladita, apenas daba ruido, aunque después se espabiló y comía como cualquier bebé. En cuanto al niño, que lo adoptamos hace seis años, cuando él tenía cinco y medio, la situación fue muy buena aunque al principio le parecía todo muy raro. Cuando íbamos toda la familia por la calle siempre iba delante o detrás de nosotros, nunca en el grupo. La psicóloga nos dijo que tenía un miedo tremendo a ser abandonado. Hablamos de un niño con el paladar abierto y con el labio leporino que sufrió varias operaciones y tuvo cuatro familias antes de llegar a nosotros.

–¿Quiénes son más valientes, los niños o los padres?

–Los niños por supuesto, porque los padres llevamos una preparación y somos los que decidimos que queremos tener uno. Ellos se encuentran en un orfanato, no saben cómo ni por qué han llegado allí y un día les dicen que va a tener unos padres. A lo mejor les enseñan una foto y el niño dice vale, pero se tiene que enfrentar a un mundo distinto porque hablamos de adopción internacional. Es tan brutal el choque que tienen que sufrir los pobrecitos pero es tal las ganas que tienen de aferrarse a un cariño y a una familia diferente, que su evolución es rápida y tremenda.

–¿Es verdad que como dice Pilar Cernuda, en el libro es la mejor decisión?

–Absolutamente. Yo soy madre biológica y adoptiva, pero te aseguro que no puedo comparar las dos experiencias, aunque es cierto que en la adopción tú vives un embarazo burocrático, pero lo positivo es que esa fase se vive de una manera muy especial. Cuando fui a adoptar a mi hija Vera, estaba embarazada, con tan mala suerte que perdí a ese bebé a los siete meses de embarazo. Afortunadamente me supuso un plus de vida en un momento muy duro.

–Al final son ellos los que más ayudan a los padres.

–Creo que siempre ser padres es entregarse, porque alguien quiere que les des tu amor incondicional. Los niños son los que nos eligen en cierta forma. En China, el centro de adopción busca alguna similitud entre los padres adoptivos y el niño que ellos les asignan. Es muy curioso, si a un padre le gusta tocar el piano le buscan un pequeño que tenga unas cualidades innatas para la música.

–¿Se ha atrevido a ver, después de adoptar a su hija china, el documental «Las habitaciones de la muerte»?

–Si te digo la verdad, nunca lo vi hasta después de muchos años, aunque ése fue el punto de partida de muchos padres para adoptar en China. Cuando lo he visto, me ha parecido tremendo. Es muy duro. Mi hija tuvo que estar seguramente atada, porque aunque era capaz de ponerse erguida en la cama no podía utilizar sus manos para jugar. Le llevamos una muñeca pequeña a China como regalo, pero ella la miraba con desinterés y no era capaz de cogerla con las manos. ¡Qué diferencia de un niño que crías desde pequeño que siempre está pataleando y moviéndose...! Siempre nos dicen que el dinero que los padres dan de donativo en los orfanatos se vuelca en ellos. Mi hijo Diego vino muy bien de salud y bien operado.

–¿Éste es un libro de desahogo o de esperanza?

–Bueno, si tienes amor hay esperanza y está claro que en los momentos más difíciles los padres dicen que quieren seguir luchando. Es un libro de esperanza porque se habla desde muchas perspectivas. Y es un libro de testimonios para conocer la realidad.

(Fuente: www.larazon.es)

Adopciones, "historias de valientes con mucho amor".

Olvido Macías es periodista y madre de dos hijos biológicos y dos adoptivos. Presenta su libro 'Vidas Unidas', en el que narra la historia de 22 familias adoptivas. En él, las familias cuentan el encuentro con sus hijos, los momentos buenos y los menos buenos; pero, sobre todo, es un libro que trata sobre la postadopción.

Por Patricia Velasco:

¿Qué le motivó a hacer este libro?

En principio, porque soy madre adoptiva de dos niños. Tengo dos hijas biológicas y dos adoptados (niña y niño). Otro motivo es que echaba de menos que hubiese testimonios en primera persona de padres adoptivos que tratasen el tema de la postadopción. Al principio todo es maravilloso, pero eso va cambiando y hay interés por saber sobre la evolución de esos niños cambiando, adaptándose, cumpliendo años, cómo llegaban a la adolescencia... Hace unos años, leí el libro "Las hijas del Yang-tsê" de Xue Xinran. Esta mujer entrevistaba a madres que habían abandonado a sus hijas en China. Después de leer cada una de esas historias, me quedaba en el aire qué habría sido de esos hijos. Entonces, me dije, voy a contar la otra parte: qué es de esos niños hoy en día, dónde están, en qué países... La mayoría de las personas, cuando abandonan a un hijo, piensa que estará en un orfanato, pero muchas veces no se imaginan que puede estar en la otra punta del mundo. Es completamente diferente a lo que uno suele pensar en este tipo de casos, y de ahí surgió la idea.

En un libro que contiene 22 experiencias de familias adoptivas, ¿por qué no introdujo su experiencia?

Quizás por pudor. Si hubiera querido escribir mi historia en primera persona lo podría haber hecho, pero me parecía más interesante ver cómo les va a otras personas, como a Jordi Sevilla, que adoptó aquí en Madrid; Pilar Rahola, que adoptó en Barcelona y también en la antigua Unión Soviética; Pilar Cernuda, en República Dominicana; Ángel Expósito, en China; el padre Ángel, que es padrino de un niño en El Salvador; y a muchas otras personas que no son conocidas, y que tienen historias muy bonitas y otras muy tremendas.

¿En qué coinciden todas estas experiencias?

Son historias de valientes con mucho amor. Todas, incluso las que están ahora con graves problemas. Hay un gran amor por parte de los padres y, también evidentemente, por parte de los hijos. Hay niños que tienen problemas duros, lo que llamo ese plus emocional que trae el niño del orfanato y que en algún momento de su vida le sale. Estos niños son conscientes de lo que significa un abandono, por mucho que quieran a sus padres adoptivos, y eso les lleva a tener que digerir esa historia. Incluso en los casos más graves, niños con síndrome de alcoholismo fetal, como es el caso de algunos de Rusia. Niños que son problemáticos, que tienen un comportamiento que no es lo normal, y aun así ese amor persiste en los padres. Hay que acostumbrarse que no solo con el amor se solucionan los problemas. Sí, el amor te ayuda a saber que estás aquí, que eres un pilar al que puede agarrarse ese niño, pero necesitas especialistas. No nos tiene que dar miedo ir a un psicólogo. Aunque sean historias de valientes con mucho amor, en muchos casos no solo el amor puede sacar del problema a un niño.

De estas experiencias, ¿cuál le parece más dura?

Hay varias. Por ejemplo, el caso de Eduardo, que se titula 'Ni un solo momento de felicidad'. Este hombre y su mujer adoptaron a tres hermanas biológicas de Rusia. Las niñas, según él, venían de unas vivencias muy duras, sobre todo las mayores. Él se ha sentido utilizado por ellas en el aspecto emocional. Los problemas de la adopción rompieron el matrimonio. Las niñas se quedaron con el padre, pero luego le demostraron al padre, o así lo siente él, que no les importaba. Las chicas se fueron de casa al cumplir la mayoría de edad. De repente, aparecían para pedirle dinero, pero sin resolver sus problemas. Al acabar el libro, hablé con él y me dijo que había quedado con dos de sus hijas para ver si retomaban la relación. Aquí estaría lo positivo de esta historia.

El otro caso son niños con el síndrome de alcoholismo fetal (problemas físicos, mentales y de crecimiento que se pueden presentar en un bebé cuando la madre toma alcohol durante el embarazo) en niños procedentes de la antigua Unión Soviética. Es el caso de Montse Roca, que tiene un hijo con este síndrome. Un síndrome que hace que este niño pueda ser agresivo y necesite medicación, que corresponde a distintos tipos de enfermedades. Esta enfermedad no se puede tratar como una sola. Además, en España hasta hace poco no era reconocido como una discapacidad y crea muchos problemas, por desgracia.

¿Qué experiencia te ha llegado más al corazón?

Hay dos casos. Uno es el caso bueno de Yo yó, uno de las hijas adoptivas de Blanca Rudilla. Blanca trajo a Yo Yó para que la operaran del corazón porque estaba grave. En realidad trajo a dos niñas, pero una de ellas murió tras la operación de corazón. Yo Yó tuvo la suerte de sobrevivir, de tener unos padres maravillosos y unos médicos estupendos, que hacen que en el Hospital Niño Jesús la llamen la 'niña milagro'. El otro caso es el de Daniel, el protagonista del segundo capítulo, "el héroe del basurero". Él tiene sindactilia, es decir, le faltan algunas falanges de los dedos, y fue encontrado por un cuidador del orfanato en un basurero. Daniel, un niño maravilloso, va a ser el único hijo adoptivo que hable en la presentación de mi libro, que tendrá lugar el 28 de noviembre en la sede de la Comunidad de Madrid. Él ha sido adoptado de mayor, ya con más de diez años, y es el vivo ejemplo de que, a pesar de las dificultades que puedas tener en la vida y la falta de amor, el ser humano puede florecer cuando tiene las condiciones oportunas.

¿Por qué es tan difícil adoptar?

Eso siempre me lo he preguntado yo, pero con el tiempo te vas dando cuenta de que, a veces, es necesario ese tiempo. Es verdad que, según los países, los tiempos se hacen más largos o no. Es difícil, porque primero necesitas la autorización de tu comunidad autónoma, una evaluación psicológica y económica y, sobre todo, ver si la pareja es capaz de afrontar los problemas que puedan surgir con un niño adoptado. Evidentemente, te pueden surgir los mismos problemas con un hijo biológico, pero aquí está el plus emocional del niño abandonado y, evidentemente, esos requisitos hay que cumplirlos. No se decide a la ligera si una familia es idónea o no. Muchas familias se desbaratan porque no son capaces de afrontar los problemas que han surgido después de una adopción.

Dependiendo del país de origen, los plazos serán más largos o no. La media de espera, en adopción con necesidades especiales, es de un año y medio, y en adopción normal unos siete u ocho años. Ahora mismo no hay niños en los orfanatos. Niños mayores, niños con necesidades especiales, es lo que hay, en estos momentos, en adopción. Lo que sí que pido, y lo digo por los niños con síndrome de alcoholismo fetal, es que por favor el origen de esos niños sea serio, sea responsable. Si un padre preadoptivo quiere aceptar a un niño con determinados problemas, está en su derecho de saber todo lo que puede llevar ese niño a casa, en su maleta. Eso me parece fundamental, que te permitan, también, que pediatras del país de los padres adoptivos puedan examinar a esos niños, o por lo menos que haya unos protocolos para que sepas si el niño tiene necesidades especiales. Me parece muy injusto que una persona o un matrimonio que quiera adoptar a un niño, dándole todo su amor, después se encuentre con cosas que desconoce. Cosas tan graves como el síndrome de alcoholismo fetal.

Cuando hay hijos biológicos en la familia, ¿cómo se debe trabajar con ellos el proceso de adopción?

Haciéndoles partícipes en el proceso de adopción de su hermano.

¿Qué recomendaciones harías a unos padres que van a iniciar un proceso de adopción? 

Que tengan mucha paciencia, muy claro lo que quieren hacer y que estén dispuestos a todo.

¿Volverás a escribir sobre adopciones? 

La verdad es que me gustaría y, de hecho, aunque hay que esperar unos años, me encantaría hacer la segunda parte de este libro con los niños que aparecen en esas historias. Que ellos me hablen de su experiencia como hijos adoptivos. Me parecería muy bonito que pudiese ser esa la segunda parte.

(Fuente: www.madridiario.es)

LA HISTORIA DE DANIEL De bebé arrojado a la basura en China a niño feliz en Navarra.

Daniel nació con una malformación congénita en las manos y su madre biológica lo tiró literalmente a la basura. Tras una vida plagada de calamidades, a los 12 años una familia navarra se cruzó en su camino. Contamos su historia hoy, Día Internacional del Niño.

Dicen que el nombre que llevamos nos marca para siempre. Hexiong, que significa 'el héroe del basurero', un adolescente chino de la ciudad de Wang Zhou adoptado desde hace cinco años por una familia de Mendigorría (Navarra), lo sabe bien. Vino al mundo, y en lugar de encontrar la paz y el calor de un hogar y unos padres que lo mecieran y arroparan en sus brazos, se topó con la inquietud y la frialdad del basurero al que fue arrojado por nacer con sindactilia (malformación congénita de las manos que afecta a 1 de cada 3.000 recién nacidos). La falta de las segundas y terceras falanges en varios dedos provocó que su madre le arrojase a un vertedero. “Por suerte por allí pasó uno de los trabajadores del orfanato en el que después me crié, oyó algo y me salvó de una muerte segura”, cuenta este joven de 17 años.

Tan triste principio hizo aprender a Hexiong, hoy españolizado con el nombre de Daniel (y en Twitter, @danielmendi99) por su nueva familia, que cuando nada se tiene, nada se pierde y todo se puede ganar. “Hay que continuar a pesar de todo, aceptar lo que te toca en la vida y seguir adelante, ¿Qué otra cosa puedes hacer si no? Mi falta en los dedos no me impedía hacer vida normal”, comenta con la sabiduría de un superviviente a EL ESPAÑOL.

Una aceptación que sin duda le ayudó a superar un segundo abandono de su madre biológica. “Fue a reclamarle y recuperarle al orfanato con unos regalos, pero le pidieron que pagara sus gastos de manutención desde el abandono. La mujer no tenía ese dinero y desistió de recuperar a su hijo. Y él lo sabe”, describe Ana Beasoain, su madre adoptiva.

UNA VIDA PLAGADA DE CALAMIDADES

La vida de Daniel durante sus años en China es pura penuria. “Mi orfanato era muy pobre. No había puertas ni ventanas, no teníamos camas, dormíamos sobre una madera en el suelo. Apenas llevábamos ropa. Si hacía frío te tenías que aguantar”, cuenta Daniel. Tales eran las bajas temperaturas que en muchas ocasiones salía a buscar cualquier madera para hacer un fuego dentro del orfanato y calentarse tanto él como sus compañeros. “Al menos ahí estábamos calentitos. Pasábamos el día alrededor de la lumbre hablando entre nosotros y acompañándonos”, dice. Tan insoportable cuenta que era ese frío que un buen día se le pasó la mano con la fogata. “La hice tan grande que estuve a punto de quemar la que era nuestra casa. Me echaron la bronca y no volvieron a dejarme hacer una”, añade.

La comida era un bien escaso y para beber y lavarse recogían el agua de lluvia. “Tampoco podíamos lavarnos mucho. La poca agua que conseguíamos la usábamos para asearnos. El primero que empezaba la tenía limpia pero si te tocaba el último, ¡imagínate! ¡No sabías si te estabas manchando aún más!”, recuerda y casi bromea este joven.

Esa falta de todo también se trasladaba a la ausencia de cuidadores. “Desde que era muy pequeño ayudaba a dar de comer a los bebés y a los que eran más pequeños que él. Cuando no querían más, los niños mayores se tomaban el biberón sobrante. "Imagínate, le darían un poco al bebé y se tomarían ellos el resto", cuenta Ana. “Cuando fue un poco mayor se encargó de ocho niños: les daba de comer, les vestía, les lavaba la ropa en un río cercano con un trozo de jabón, les llevaba a dormir”, cuenta. Con el pasar de los años Hexiong se convirtió en el mayor del orfanato. Nadie quería adoptarle. A pesar de ello, era el más dispuesto a todo. Tanto que los niños le llamaban lao shi, que significa profesor. 

En el colegio las cosas no eran mejor: los de más edad iban a un centro público y eran marginados por sus compañeros porque eran pobres y huérfanos. “Éramos los últimos para todo. Incluso para las miradas. Nos miraban mal. A eso se sumaba nuestro aspecto”, rememora Daniel. Tampoco tenían lápices para escribir y recogían de las papeleras las puntitas que tiraban los otros a la papelera. “Llegábamos con los zapatos rotos, sin calcetines, tiritando de frío y ahí estábamos al final de la clase, los huérfanos, con los que no querían ni hablar”, dice.

LA VIDA Y LOS GRANDES REGALOS

Y de repente, al cumplir doce años, cuando Daniel casi había abandonado los sueños de ser adoptado, recibió una grata sorpresa. Ana y Serafín, un matrimonio español con dos hijas biológicas (Carla y Verónica, que por aquel entonces tenían 12 y 10 años), se cruzó en su camino.

La pareja, que llevaba cinco años esperando la llegada de una niña china, conoció una nueva vía de adopción denominada Pasaje Verde, es decir, solicitar a un niño mayor, y decidieron cambiar su expediente.  El psicólogo que llevaba su caso les contó que al día siguiente iba a viajar a China con un grupo de pediatras y psicólogos de Madrid para buscar niños y a la semana siguiente les llamó. “Era un viernes a las tres de la tarde y yo estaba en mi tienda esperando a Serafín y a las niñas. El psicólogo nos dijo que había un niño llamado Hexiong con sindactilia y salimos corriendo como locos a  conocerle en fotografías”, dice Ana.

La primera foto que les enseñaron fue de sus manos. “Mi marido dijo que eran preciosas y nos empezamos a reír. ¿Qué más nos daba si le faltaba algún dedico si tiene un corazón de oro? Cuando nos enseñó su carica, ¡qué momentazo! ¡Qué niño tan guapo! Si realmente quieres un hijo, ¿qué más da que no sea perfecto? Pienso que hasta se le ama más”, añade esta madre apasionada.

Su 'sí, quiero' provocó una adopción exprés en tan solo tres meses así como un tsunami en su propia vida. Él no sabía nada y de repente recibió la noticia. “Me quedé impresionado. Me dijeron que iba a tener una familia, que era occidental y que tan solo tenía 24 horas para despedirme de la que había sido mi familia hasta entonces. Comencé a llorar, a decir adiós a mi mamá y mi papá, (como llama a los cuidadores que le habían cuidado), a mis otros amigos. Era una sensación rara. Casi no quería irme”, cuenta Daniel.

Además, él, que no había visto un occidental en su vida, iba a coger un avión, recorrer 14.000 kilómetros y enfrentarse una nueva existencia junto a una familia de las de verdad. “Yo estaba preocupado porque me aceptaran y también por no haber visto nunca occidentales. Me subí al coche con mis padres y hasta llegar al aeropuerto me pasé llorando sin parar las cuatro horas que duró el viaje”, relata el joven. Y como no existe una cosa sin su contrario, su propio miedo también provocó la magia del amor y de la paz más absoluta. “Me agarré al brazo de mi padre en el coche y no le solté en todo el rato. Los nervios que tenía se mezclaban con una tranquilidad increíble. Nos reconocimos”, dice con su acento chino-español.

Hoy Daniel bromea echándole en cara a su familia que le sacaron de China para traerle a un pueblo que es una broma. “¡Solo tiene 1.000 habitantes! ¡Imagínate la diferencia con mi ciudad, que tiene millones de personas. Allí salías a la calle y te encontrabas gente, tráfico por todos los lados y aquí solo hay campo y vacas!”, se ríe mientras su madre le escucha divertida.

Daniel ya lleva cinco años en España y está estudiando en el instituto. “El primer año fue muy duro. Una nueva lengua, una nueva cultura. Me costó casi un año que no me doliera seguir hacia delante y dejar atrás mi pasado”, cuenta Daniel. Tanto era lo que llevaba marcado que su madre bromea con lo que su hijo les decía este primer período. “Se pasaba apagando los radiadores o la luz de las habitaciones porque le parecía un derroche. Me decía: '¡Mamá, esto cuesta mucho euro!' También nos llevaba los primeros días a la bañera, que le hacía mucha gracia porque no había visto ninguna, echaba un poquito de agua y nos decía que fuéramos pasando por ahí uno a uno para lavarnos”, se sonríe Ana.

Otra anécdota que no quiere dejar de contar Daniel es la extrañeza de la ropa interior. “Nunca había llevado un calzoncillo y me sentía muy raro. Allí no tenemos para esos lujos”, recuerda el joven. También le cuesta demostrar sentimientos y repartir besos o abrazos. “Por su cultura no hay manera de sacarle un beso. Él dice que somos unos pesados, que no hace falta demostrar que nos quiere de esa manera. Que las cosas, aunque no se digan o demuestren, se saben y punto” comenta Ana.

Ahora el sueño de Daniel es estudiar Empresariales porque, según dice, “quiero mandar”. También pretende que su caso inspire y anime a otros padres a adoptar. Pretende poner luz a esos “embarazos burocráticos” -tal y como describe dichos procesos la escritora Olvido Macías en Vidas Unidas, 22 experiencias de familias adoptivas-, que tantas lágrimas cuestan y de los que nada se sabe hasta el momento de llegar a casa con el nuevo hijo o hija.

Por eso Daniel anima a otras familias adoptantes a “no tener miedo. El miedo ya lo tenemos nosotros por tantas cosas a las que nos tenemos que enfrentar y adaptar. Pero es maravilloso sentirse querido”, dice Daniel. Su madre, para quien él es un regalo del cielo, se sigue sorprendiendo cuando la gente les llama valientes. “Valiente él, que tuvo que irse con unos desconocidos, físicamente tan diferentes. Valiente él, por dejar su tierra natal, por enfrentarse a una vida nueva y a un idioma distinto. Valiente, siempre él”.

(Fuente: www.elespanol.com)

«No la saqué del contenedor para que no se enfriara».

El joven que oyó los gemidos que permitieron rescatar al bebé del contenedor fue también un niño al que sus padres dejaron en Fraisoro.

La madrugada del lunes al martes de la pasada semana, Eneko Moro terminó su jornada laboral a la una. Cualquier otro día se hubiese marchado a casa a dormir sin mayor demora. Pero aquella noche no lo hizo. Se quedó en la cervecería Garagar, en el Boulevard donostiarra, junto a su compañero Williams. Ambos son camareros. Eneko no tenía ningún motivo para permanecer más tiempo, pero después de lo que más tarde sucedió, sabe que tenía que haber sido así, que el destino le tenía reservado un rol que jamás podrá olvidar. Era el elegido para salvar la vida de Ane, la niña recién nacida que fue abandonada en un contenedor de basura. «Tenía que ser yo quien precisamente tuvo que escuchar su llanto. Yo, que, junto a mis cuatro hermanos, también fui un niño abandonado en Fraisoro. No sabes lo satisfecho que estoy de haber podido salvar la vida de esa pequeña», explica Eneko.
Aquella noche, Eneko y Williams Sciacca acababan de poner fin a su jornada en el Garagar. Se iban ya para casa, el primero a Intxaurrondo; el segundo a Gros. Eneko había dejado estacionado su coche en el Paseo Nuevo. Ambos caminaban por la calle San Juan cuando un sonido puso en alerta sus sentidos. «Escuché como un llanto que provenía de los contenedores de la basura que estaban junto a la Fotográfica. Y según nos íbamos acercando nos dimos cuenta de que 'algo' había dentro de uno de ellos. Al principio me pareció que podía ser un gato, pero si hubiese sido algún animal se habría callado ante nuestra llegada, o habría huido. Y no fue así».
Eneko asomó la cabeza por encima del container y echó un vistazo entre las bolsas. El recipiente no tenía tapa. Hurgó entre los desechos, apartó unas cuentas bolsas, esas que tienen asas y son moradas. Fue entonces cuando vio el diminuto brazo de la pequeña. «La niña estaba envuelta en un manta o una tela de color negro. Era muy finita. Le tapaba todo el cuerpo, incluso la cabeza», detalla Williams.
Pero fue Eneko quien acomodó a la pequeña, aunque no la quiso sacar. «La dejé dentro porque hacía mucho frío, soplaba viento y pensé que si la cogía podía enfriarse aun más. La pobre estaba desnuda. Eran las tres de la mañana y la temperatura era baja. Y en esa zona, tan expuesta al mar, todos saben que el viento suele soplar con cierta intensidad».
El hallazgo de la pequeña dejó a los dos amigos estupefactos. Ambos eran un manojo de nervios, Eneko más que Williams. «Empecé a gritar. '¡Ayuda, por favor. Llamen a alguien que hay una niña en el contenedor!'. Pero allí nadie salía ni respondía a nuestras demandas de auxilio. No se asomaba nadie».

Eneko se decidió entonces por llamar al 112, «pero cuando descolgaron empezaron a hacerme tantas preguntas que al final le pasé el móvil a Williams y yo me quedé con la niña porque estaba llorando. La pobre aun tenía el cordón umbilical colgando».

Llegada de los ertzainas

El destino quiso que en aquel preciso instante pasase por el lugar un automóvil. A bordo del mismo iban dos agentes la Ertzaintza que regresaban del tramo final del Paseo Nuevo, en un recorrido rutinario. «Eran dos secretas. Ellos no sabían nada del tema, estaban de patrulla por la ciudad. Me abalancé sobre el vehículo y les dije si eran policías. Se quedaron un poco sorprendidos por mi pregunta. Les expliqué que había encontrado a una niña entre la basura y que vinieran conmigo».

Los agentes echaron pie a tierra y los cuatro se dirigieron hacia el contenedor. «Llevaban una linterna, alumbraron al interior y vieron también cómo asomaba su manita. Yo estaba muy nervioso. Te puedes imaginar. Les decía: ¡'pero llevarla ya'! Luego empezaron a llegar más policías, primero municipales y más tarde ertzainas. Acordonaron toda la zona y trasladaron a la niña al hospital. Nosotros nos quedamos allí y nos dijeron que les informáramos de cómo había sucedido todo. Se lo explicamos y ahí terminó todo».

Una semana después, Eneko y Williams siguen bajo el impacto de lo que aquella noche vivieron. A Eneko aun le retumban los lloros de Ane y su imagen le viene una y otra vez. No deja de repetir, «¡qué fuerte! La niña estaba superdesprotegida. 

Tenía los ojos abiertos, unos ojazos. No la quise tocar mucho para no causarle ningún daño. Además, no estoy precisamente muy familiarizado en coger niños tan pequeños. Ni siquiera lo hago con mis sobrinos».

Eneko relata que aquella noche no pudo conciliar el sueño. «Cuando llegué a casa estaba fatal. Desperté a mi hermano y le conté lo que me había pasado.

- ¡Que he encontrado a un niño en el container de la basura! No se le podía creer.

- ¿Qué dices?, me contestó. Imagínate el shock».

Eneko y Williams reconocen que sin su intervención la niña, a la que responsables de los servicios sociales le han puesto de nombre Ane, hubiera fallecido. «No habría aguantado mucho tiempo. La pequeña hubiese muerto, bien de frío o aplastada en cuanto hubiesen volcado el contenedor en el camión».

«No me han dejado verla»

Eneko está muy disgustado con la actitud de las instituciones que, tras el rescate, se hicieron cargo de la niña. Al día siguiente se personó en el Hospital Materno Infantil con el propósito de ver a la niña. «Necesitaba hacerlo y comprobar que se encontraba en perfectas condiciones. Era un impulso el que me llevó hasta el hospital. Porque yo también fui un niño abandonado. Cuando tenía ocho meses, mis padres nos dejaron en la Casa Cuna de Fraisoro. No solo a mí, también a mis cuatro hermanos mayores. Mis padres no nos podían mantener», explica Eneko.

De 27 años, este joven donostiarra ha crecido junto a sus hermanos, bajo el amparo de una mujer. «A nosotros, por suerte, no nos separaron. Nos ha cuidado una excelente persona, que ahora es mi madre, aunque no sea la biológica, y a la que visito a diario o casi a diario. Pero dejemos ese tema, tampoco quiero profundizar mucho en él».

«Te estaba contando que no me dejaron verla y que estoy muy disgustado por ello. Y no te digo nada de cómo están mis hermanos y hermanas. No sé lo pueden creer. Están supercabreados. No entienden por qué no puedo verla».

A Eneko y Williams, este último de 22 años y nacionalidad venezolana, de momento, nadie les ha felicitado por su actuación, a excepción de su entorno más cercano. Sus compañeros del centro Crossfit Zurriola han organizado un entrenamiento especial en su honor. «Nadie nos ha dicho nada. La Ertzaintza nos llamó y estuvimos tres horas con ellos. Tomaron muestras para obtener mi ADN y nos hicieron algunas preguntas. Y ya no hemos vuelto a saber nada».

Los agentes al frente de la investigación se interesaron, entre otras cuestiones, por conocer si durante el trayecto desde el Boulevard hasta el contenedor, los dos amigos se cruzaron con alguna persona que pudo haber despertado sus sospechas. «No vimos a nadie. Estábamos los dos solos. Nadie se asomó a las ventanas cuando empezamos a dar voces pidiendo ayuda. Algunos dijeron que un grupo de personas bajó de sus casas. Eso no es verdad. Allí estábamos únicamente Williams y yo».

Una semana después, Eneko se muestra exultante por haber podido rescatar a la pequeña. «No sabes lo contento que estoy porque esta niña tenga una nueva oportunidad para vivir. Mi destino era salvar a esa niña y estoy muy orgulloso de haberlo hecho».

(Fuente: www.diariovasco.com)